Barro
mezcla de tierra y agua, lodo, arcilla. Se empleaba para fabricar los ladrillos con que se levantaban casas y edificios, para lo cual se le mezclaba paja al b., que le daba consistencia, se amasaba pisándolo, se moldeaban los bloques y se secaban al sol o se cocían al fuego, Gn 11, 3; Ex 1, 14; 5, 7 y 10-18; Na 3, 14; Is 41, 25. En alfarería, para elaborar diversos utensilios y vasijas, Lv 11, 33; 14, 5 y 50; 15, 12; Nm 5, 17; 2 S 17, 28; 2 Tm 2, 20.
Figuradamente se recurre a la figura del b., para recordar el origen del hombre, la tierra, a la cual ha de retornar, Gn 2, 7; 3, 19. Es necesario poner la confianza en Dios y no en los hombres ni en lo material, pues al morir el ser humano retorna al b., Sal 146 (145), 4; Jb 10, 9. El b. es lo que se pisa, figura de lo vil, de poco valor, despreciable, 2 S 22, 43; Sal 18 (17), 43; Sb 15, 10; Is 41, 25. Dios es el alfarero y nosotros su hechura; en todo dependemos de él, Is 64, 7; Rm 9, 21.
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