Baal
fenicio señor. Principio divino masculino de la fertilidad, amo del suelo, correspondiente y asociado a la divinidad femenina del amor y la fecundidad ® Astarté, adorado por los cananeos, los primitivos semitas. Por esta razón se hace les menciona juntos en la Escritura. Astarté, en ciertos lugares, aparece como Aserá, Jc 3, 7; 2 R 23, 4; o, en plural, se lee Baales y Astartés, para referirse, en general, a las deidades cananeas. Al salir los israelitas de Egipto, comenzaron a conquistar y ocupar el territorio cananeo, y cayeron en la idolatría de este pueblo. Esta idolatría es denominada figuradamente, en el lenguaje bíblico, prostitución, 2 Cro 21, 11-15; Jr 13, 27; Ez 16, 20; Os 5, 4; y también se ejercía ésta, por hombres y mujeres consagrados para tal fin, como parte del culto a los dioses, 1 R 14, 24; 15, 12; 22, 47; 2 R 23, 7; también se quemaban niños en honor de B., el profeta Jeremías denuncia esta práctica, Jr 19, 5; los santuarios y los altares a B., como a los dioses extranjeros, se construían, por lo común, en lugares altos, 2 Cro 28, 25; Jr 7, 31; para el culto, se confeccionaban cipos, estelas, objetos de oro, Os 2, 10.
En tiempos de los jueces los israelitas cayeron en la idolatría a B. y Yahvéh los entregó en manos de sus enemigos, Jc 2, 11-14; 3, 7-8 y 12; 4, 1; 10, 6-7.
Gedeón erigió un altar a Yahvéh y destruyó el de B. por lo que recibió el nombre de Yerubbaal, esto es, “¡Que Baal pleitee con él, pues le destruyó su altar”, Jc 6, 25-32. Pero muerto Gedeón, los israelitas volvieron al culto a los Baales, Jc 8, 33-35.
En tiempos de la monarquía también fue frecuente la idolatría y el culto a B.
Omrí rey de Israel, 885-874 a. C., e Ittobaal, rey de los fenicios, entablaron relaciones y alianza familiar, y como resultado Israel cayó en la idolatría a B. Ajab hijo y sucesor de Omrí, 874-853 a. C., se casó con Jezabel, hija de Ittobaal, 1 R 16, 29-33. Ajab levantó un altar en Samaría y estableció el culto en honor de B., instigado por su mujer, por lo que Israel fue castigado por una sequía anunciada por Elías, 1 R 17, 1. Jezabel mató a los profetas de Yahvéh, 1 R 18, 4 y 13; y había llevado desde Tiro a los de B. a Israel, a los que ella mantenía, 1 R 18, 19. Elías hizo buscar al rey Ajab por intermedio de Abdías.
Cuando se encontraron Elías increpó al rey por abandonar los mandatos de Yahvéh y servir a los Baales, e hizo que Ajab reuniera a todo Israel y a los cuatrocientos cincuenta profetas de B. en el monte Carmelo. Allí se llevó a cabo un juicio de Dios, pues los profetas de B. prepararon un novillo para el sacrificio sobre el altar, sin prender fuego; lo mismo hizo Elías. Luego de invocar aquéllos a su dios para que enviase fuego, nada sucedió. Elías invocó a Yahvéh y se produjo el milagro del fuego, que consumió el sacrificio. Tras esto, Elías degolló a los profetas de B., 1 R 18, 20-40. Con lo que demostró Elías que no hay más Dios que Yahvéh. Ocozías, hijo de Ajab y rey de Israel, 853-852 a. C., también rindió culto a B., como su padre, 1 R 22, 52-54. Joram, hijo de Ajab y rey de Israel, 852-841 a. C., hizo desaparecer la estela que su padre había levantado a B., 2 R 3, 1-2. Jehú, rey de Israel, llevó a cabo una gran matanza de los fieles de B., destruyó su templo y derribó su altar, 2 R 10, 18-28. En Judá, también, el pueblo destruyó el templo de B. y a su sacerdote Matán lo mató frente a los altares, cuando el sacerdote Yehoyadá organizó la conjura contra Atalía y ésta fue muerta, 2 R 11, 18; 2 Cro 23, 16-17. La ruina y la deportación de los israelitas se debe, según la Escritura, a que se apartaron de Yahvéh y rindieron culto a B., 2 R 17, 16. Manasés, rey de Judá, 687642 a. C., reconstruyó los santuarios idolátricos, que su padre Ezequías había destruido, y levantó altares en honor de B., 2 R 21, 3. Josías, rey de Judá, 640609 a. C., hizo en Judá una reforma religiosa, destruyó los objetos de B., que estaban en el santuario de Yahvéh, suprimió a sus sacerdotes y a los que le quemaban incienso, 2 R 23, 4-5.
Los profetas reclamaban constantemente al pueblo sus infidelidades a Yahvéh para irse tras los Baales y demás dioses extranjeros, y en sus oráculos le anunciaban los castigos, como Jeremías, antes de la reforma religiosa de Josías, Jr 2, 8 y 28; en los discursos sobre el reinado de Yoyaquim o Joaquín, Jr 7, 9; 11, 13 y 17; 12, 16; los falsos profetas de Samaría, que profetizan por B., Jr 23, 13 y 27; por todo esto, predice Jeremías, Jerusalén será entregada a Nabucodonosor, rey de los caldeos, Jr 32, 28-29. Los profetas Oseas y Sofonías, también, predicen a los israelitas castigos por la idolatría y el culto a B. Os 13, 1; So 1, 4.
El término B. estraba en la composición de muchos topónimos como también en nombres de personas, sin que esto significara, necesariamente, idolatría, como sucede con Isbaal o Esbaal, hijo de Saúl, 2 S 2, 8; 1 Cro 8, 33; 9, 39; pues al significar baal, dueño, quien llevara el nombre era consagrado a Yahvéh, su dueño. Sin embargo, por la asociación de este nombre con las deidades cananeas, se censuró su uso, como en Os 2, 18.
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