Arrepentimiento
conciencia de haber caído en el error, en un acto injusto, rechazo al pecado, propósito de enmendar la falta, de reparar el daño ocasionado. En sentido figurado, y, por tanto, no se debe interpretar el texto literalmente, la Escritura dice que Dios se arrepiente, como cuando al ver la corrupción del hombre, le pesa haberlo creado y quiere destruirlo Gn 6, 6-7; también Dios se arrepiente cuando apacigua su cólera y cesan sus amenazas contra el hombre Jr 18, 7-10; 26, 6-13. En la Escritura se habla tanto del a. individual como colectivo; en el primer caso, el a. iba acompañado de signos externos como rasgar las vestiduras, vestirse de saco, ayunar, etc. 1 R 21, 27-29. Los profetas recalcan al hombre que el a., antes que en manifestaciones externas, implica circuncidar el espíritu Dt 10, 16, consiste en hacerse a un corazón nuevo, Jr 4, 4; Ez 18, 31.
En este mismo sentido encontramos alusiones en N. T. al a., comenzando por la predicación a la conversión de Juan Bautista Mt 3, 8-10; Mc 1, 4; Lc 3, 8. Cristo, como los profetas, reclama la pureza interior, la conversión pues el Reino de Dios está cerca Mc 1, 15; Lc 13, 1-5; Jn 3, 5; es necesario hacerse como un niño para merecer el Reino de Dios Mt 18, 3; Mc 10, 15; Lc 18, 17. En los primeros años del cristianismo, los apóstoles predican el a. que implica un cambio de vida, la conversión, Hch 3, 19; el bautismo debe ir acompañado del a., de la conversión Hch 2, 38. Arsaces VI, o Mitrídates I (171-138 a. C.), fundador del imperio parto, le quitó a Demetrio la Media y Persia. Ca. 140-139 a. C., el seléucida Demetrio II arma una contraofensiva en Irán, es derrotado por los partos y encarcelado en Hircania 1 M 14, 2.
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