Arras
lo que se da como prenda y señal de algún contrato. San Pablo emplea este término en sentido figurado, aplicándolo al Espíritu Santo, que nos ha sido dado, dice el Apóstol, como prenda de la gloria a la que nos tiene Dios destinados 2 Co 1, 22 y 5, 5; Ef 1, 14.
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