Ángel
traducción griega, angelos, mensajero, enviado, del término hebreo malak, en latín angelus. Tanto en el A. T. como en el N. T. esta palabra aparece innumerables veces. En algunos casos se usa para significar simplemente un mensajero Jb 1, 14; 1 R 19, 2; 1 S 11, 3; Lc 7, 24 y 9, 52. Se les dice así a los profetas Is 42, 19; Ag 1, 13. El a. como un espíritu perfecto, sobrenatural, superior al hombre e inferior al Hijo de Dios Hb 1, 5-14, que está al servicio de Dios Jb 4, 18; Is 6, 2-6; Lc 1, 19; mensajero y ejecutor de voluntad divina, intermediario entre Dios y el hombre Jb 33, 23. A los ángeles se les llama “hijos de Dios”, creados Col 1, 16, antes que el mundo, Jb 1, 6; 2, 1 y 38, 7, seres superiores que forman parte de la corte de Yahvéh, aunque la versión de los Setenta traduce “ángeles de Dios”, cf. Gn 6, 1-4 y 28, 12; Sal 29, 1; 82, 1; 89, 7.
Antes de la conquista de Jericó sucedió la teofanía de Josué, en que los ángeles se llaman el “ejército de Yahvéh” Jos 5, 14. también como los “santos de Yahvéh”, el “ejército santo” Jb 5, 1; Dn 8, 13; Za 14, 5.
El número de los ángeles es incalculable Dn 7,10; Mt 26, 53; Lc 2, 13; Hb 12, 22-23. De todos los a., sólo se mencionan tres por su nombre: Miguel, “uno de los primeros príncipes”, Dn 10, 13; Judas 9; Rafael, el guía de Tobías, que lo acompañó bajo el nombre de Azarías, Tb 5, 4 ss y 12, 15; Gabriel, Lc 1, 19 y 26. Existen dentro de los ángeles: serafines y querubines, principados y potestades Is 6, 2-6; Ez 10, 1; Col 1, 16, así como también arcángeles 1 Ts 4, 16; Judas 9. En relación con Cristo, éste es llamado el Á. de la Alianza, es decir, el mensajero del pacto, Ml 3, 1.
Un á. anunció a María que concebiría a Jesucristo Lc 1 26 ss, asimismo un á. anunció al mundo el nacimiento del Salvador, Cristo Señor, Lc 2, 8 14. Un á. protegió a Cristo niño cuando Herodes quiso matarlo Mt 2, 13.
Los ángeles se acercaron a servir a Cristo cuando el diablo se retiró tras tentarlo, Mt 4, 11. Los á. están a su disposición para defenderlo Mt 26, 53; Jn 18, 36. En la agonía del huerto de los olivos, un á. llegó a confortar a Jesús Lc 22, 43. El a. del Señor hizo rodar la piedra del sepulcro del Señor y anunció a las dos Marías, que visitaban la tumba el sábado, la resurrección de Cristo Mt 28, 1-8. Dos ángeles anuncian a los apóstoles la parusía o segunda venida de Cristo Hch 1, 10-11.
En relación con los cristianos los ángeles cumples diferentes misiones: como custodios o, como dice la tradición, Ángeles de la Guarda, Mt 18, 10; Lc 16, 22; Hch 12, 15; Hb 1, 14; comprometidos en la salvación de los hombres Lc 15, 7-10; 1 P 1, 12; Mt 13, 39; Ap 14, 6-7. También encontramos en las Escrituras los á. del mal, que se rebelaron contra Dios y fueron arrojados al infierno Mt 25, 41; 2 Co 12, 7; 2 P 2, 4; Ap 12, 7-9.
Abundante es en la Escritura la expresión “Á. de Yahvéh” “Á. del Señor”, “Á. de Dios”, para indicar un enviado directo de Dios o la intervención extraordinaria del Señor, cuando el mismo Dios que se presenta en forma visible al hombre. Tal le sucedió a Agar, cuando el Á. del Señor le anunció en el desierto el nacimiento de su hijo Ismael Gn 16, 7-13; y otra vez en el desierto tras haber sido echada de casa de Abraham junto con su hijo Gn 21, 17-20. El Á. del Señor detiene el cuchillo de Abraham cuando éste se disponía a sacrificar a su hijo Isaac por orden de Yahvéh Gn 22, 11-18. El Á. de Dios se le apareció en un sueño a Jacob, antes de que éste huyera de su suegro Labán Gn 31, 11 ss; el Á. que rescató a Jacob Gn 48-15 ss. El Á. de Yahvéh se le aparece a Moisés en forma de zarza ardiente Ex 3, 1 ss. El Á. de Yahvéh se le aparece a Gedeón bajo el terebinto de Ofrá Jc 6, 11-23.
El Á. Señor se le aparece en sueños a José para decirle que el fruto del vientre de María es obra del Espíritu Santo Mt 1, 20-24.
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