Anatema
griego anathema, ofrenda, objeto maldito. Así tradujeron los Setenta el término hebreo jérem. Lo que se consagra de manera absoluta a Dios Lv 27, 28-29; el botín de la guerra santa, a. por orden divina, Dt 7, 1-2; 20, 13 ss; Jos 6, 17-21; 8, 26-27; 1 S 15, 3, todo, hombres, animales, debe destruirse; los objetos preciosos deben destinarse al santuario. El a. puede ser consecuencia de un voto hecho a Dios Nm 21, 1-3. Violar o incumplir el a. era considerado sacrilegio, lo que acarreaba un castigo severo, como le sucedió a Akán por quedarse con parte del botín de Jericó consagrado al anatema Jos 7; Dios dice a Samuel que se arrepiente de haber hecho rey a Saúl, y manda al profeta para que recrimine al rey el haber incumplido el a. tras derrotar a los amalecitas y perdonar la vida a su rey Agag y no destruir el ganado 1 S 15, 10-23. Este concepto absoluto de a., derivado de la guerra santa en el A. T., cambia en el N. T., Mt 5, 44-45. A. también significa lo prohibido por Dios Dt 7, 26. En el N. T. a. significa blasfemia como en Co 12, 3; maldición como en Rm 9, 3; Ga 1, 8; 1 Co 16, 22. ® maldición.
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