Adulterio
comercio sexual entre una persona casada y otra que no es su cónyuge, delito prohibido por el séptimo mandamiento Ex 20, 17; Dt 5, 18 y 21. Sin embargo, en el A. T. era normal la poligamia, y las relaciones sexuales del hombre casado con las mujeres secundarias o concubinas no constituían a. Los adúlteros eran castigados con la pena capital Lv 20, 10 ss; Dt 22, 22; Gn 38, 24; la condena se llevaba a cabo en público lapidándolos Jn 8, 5, o quemándolos en la hoguera Lv 21, 9.
Para imponer la pena de muerte se necesitaba que la persona adúltera fuera cogida en flagrancia Jn 8, 4; si la mujer acusada de a. no había sido sorprendida en el acto o si no existían testigos, debería ser llevada al sacerdote, quien la sometía a un rito y a un proceso, ofrenda de los celos y beber el agua amarga de los celos, para establecer su inocencia o culpabilidad Nm 5, 11-31. Si un hombre en la ciudad se acostaba con una virgen prometida a otro varón, y ésta no pedía socorro, ambos eran apedreados; si el hombre la acometía en el campo, debía morir aquél, pues si ella pidió auxilio, nadie la oyó, Dt 22, 23, 27. Los profetas llamaron adúltero al pueblo de Israel por abandonar a Dios y entregarse impíamente a los dioses extraños Jr 5, 7; Ez 16, 23; Os 3, 1.
En el N. T. Jesús condena el a., y no sólo considera tal el acto carnal ilegal, como en el AT, sino que va más allá al repudiar la concupiscencia que está en el corazón del hombre cuando éste codicia una mujer Mt 5, 27-28. En la nueva ley que trajo Cristo al mundo, siendo tan dura la condena del a., como se lee en 1 Co 6, 9, en vez de la pena de muerte el Señor pide el perdón y arremete fuertemente, enrostrándoles la hipocresía de sus corazones, contra los que invocan la ley antigua en caso de a. Jn 8, 1-11. En las Sagradas Escrituras muchas veces se toma ® fornicación por adulterio.
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