Adorno
era común en los hombres y, sobre todo, en las mujeres de los pueblos orientales de los tiempos bíblicos, y consistía en el uso de joyas, ropajes y aderezos Gn 24, 22-30; Ex 32, 2-3; Is 3, 16-24 y 61, 10. El a. y las galas desaparecían en los duelos, y se vestía de saco; “rasgar las vestiduras” es la expresión corriente en estas ocasiones, Ex 33, 4-6; 2 S 331; 1 R 21-27; Est 4, 1.
En el N. T. se contraponen el a. exterior y el interno enfatizando la importancia de este último, constituido por la limpieza del corazón y las buenas obras, que es lo que tiene valor delante de Dios, 1 Tm 2, 9; 1 P 3, 4.
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