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Los Padres de la Iglesia jamás consideran el trabajo como « opus servile », –como era considerado, en cambio, en la cultura de su tiempo–, sino siempre como « opus humanum », y tratan de honrarlo en todas sus expresiones. Mediante el trabajo, el hombre gobierna el mundo colaborando con Dios; junto a Él, es señor y realiza obras buenas para sí mismo y para los demás. El ocio perjudica el ser del hombre, mientras que la actividad es provechosa para su cuerpo y su espíritu. 577 El cristiano está obligado a trabajar no sólo para ganarse el pan, sino también para atender al prójimo más pobre, a quien el Señor manda dar de comer, de beber, vestirlo, acogerlo, cuidarlo y acompañarlo (cf. Mt 25,35-36). 578 Cada trabajador, afirma San Ambrosio, es la mano de Cristo que continúa creando y haciendo el bien. 579
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