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Pero hay más: Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: «Yo soy la resurrección y la vida» ( Jn 11:25). Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en él. (cf. Jn 5:24-25; Jn 6:40) y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre (cf. Jn 6:54). En su vida pública ofrece ya un signo y una prenda de la resurrección devolviendo la vida a algunos muertos (cf. Mc 5:21-42; Lc 7:11-17; Jn 11), anunciando así su propia Resurrección que, no obstante, será de otro orden. De este acontecimiento único, El habla como del «signo de Jonás» ( Mt 12:39), del signo del Templo (cf. Jn 2:19-22): anuncia su Resurrección al tercer día después de su muerte (cf. Mc 10:34).
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