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El término «carne» designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6:3; Sal 56:5; Isa 40:6). La «resurrección de la carne» significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros «cuerpos mortales» ( Rm 8:11) volverán a tener vida.
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