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«Todo lo tenían en común» ( Hch 4:32): «Todo lo que posee el verdadero cristiano debe considerarlo como un bien en común con los demás y debe estar dispuesto y ser diligente para socorrer al necesitado y la miseria del prójimo» (Catech. R. 1, 10, 27). El cristiano es un administrador de los bienes del Señor (cf. Lc 16:1, Lc 16:3).
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