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El obispo «es el `administrador de la gracia del sumo sacerdocio'» (LG 26), en particular en la Eucaristía que él mismo ofrece, o cuya oblación asegura por medio de los presbíteros, sus colaboradores. Porque la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia particular. El obispo y los presbíteros santifican la Iglesia con su oración y su trabajo, por medio del ministerio de la palabra y de los sacramentos. La santifican con su ejemplo, «no tiranizando a los que os ha tocado cuidar, sino siendo modelos de la grey» (1
P 5, 3). Así es como llegan «a la vida eterna junto con el rebaño que les fue confiado»(LG 26).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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