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«La fe confiesa que la Iglesia... no puede dejar de ser santa. En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama 'el solo santo', amó a su Iglesia como a su esposa. Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios» (LG 39). La Iglesia es, pues, «el Pueblo santo de Dios» (LG 12), y sus miembros son llamados «santos» (cf Hch 9:13; 1Co 6:1; 1Co 16:1).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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