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Por esta razón aparece siempre necesario el discernimiento de carismas. Ningún carisma dispensa de la referencia y de la sumisión a los Pastores de la Iglesia. «A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno» (LG 12), a fin de que todos los carismas cooperen, en su diversidad y complementariedad, al «bien común» (cf. 1Co 12:7) (cf. LG 30; CL, 24).
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