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La palabra griega «mysterion» ha sido traducida en latín por dos términos: «mysterium» y «sacramentum». En la interpretación posterior, el término «sacramentum» expresa mejor el signo visible de la realidad oculta de la salvación, indicada por el término «mysterium». En este sentido, Cristo es El mismo el Misterio de la salvación: «Non est enim aliud Dei mysterium, nisi Christus» («No hay otro misterio de Dios fuera de Cristo») (San Agustín, ep. 187, 34). La obra salvífica de su humanidad santa y santificante es el sacramento de la salvación que se manifiesta y actúa en los sacramentos de la Iglesia (que las Iglesias de Oriente llaman también «los santos Misterios»). Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la gracia de Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo. La Iglesia contiene por tanto y comunica la gracia invisible que ella significa. En este sentido analógico ella es llamada «sacramento».
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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