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La preparación lejana de la reunión del pueblo de Dios comienza con la vocación de Abraham, a quien Dios promete que llegará a ser Padre de un gran pueblo (cf Gn 12:2; Gn 15:5-6). La preparación inmediata comienza con la elección de Israel como pueblo de Dios (cf Ex 19:5-6; Dt 7:6). Por su elección, Israel debe ser el signo de la reunión futura de todas las naciones (cf Isa 2:2-5; Miq 4:1-4). Pero ya los profetas acusan a Israel de haber roto la alianza y haberse comportado como una prostituta (cf Os 1; Isa 1:2-4; Jr 2; etc.). Anuncian, pues, una Alianza nueva y eterna (cf. Jer 31:31-34; Isa 55:3). «Jesús instituyó esta nueva alianza» (LG 9).
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