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«También muchas veces a la Iglesia se la llama construcción de Dios» ( 1Co 3:9). El Señor mismo se comparó a la piedra que desecharon los constructores, pero que se convirtió en la piedra angular ( Mt 21:42 par.; cf. Hch 4:11; 1Pe 2:7; Sal 118:22). «Los apóstoles construyen la Iglesia sobre ese fundamento» (cf. 1Co 3:11), que le da solidez y cohesión. Esta construcción recibe diversos nombres: casa de Dios: casa de Dios ( 1Ti 3:15)« en la que habita su familia, habitación de Dios en el Espíritu » ( Efe 2:19-22), tienda de Dios con los hombres ( Ap 21:3), y sobre todo, templo santo. Representado en los templos de piedra, los Padres cantan sus alabanzas, y la liturgia, con razón, lo compara a la ciudad santa, a la nueva Jerusalén. En ella, en efecto, nosotros como piedras vivas entramos en su construcción en este mundo (cf. 1Pe 2:5).«San Juan ve en el mundo renovado bajar del cielo, de junto a Dios, esta ciudad santa arreglada como una esposa embellecidas para su esposo» ( Ap 21:1-2).
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