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El nos da entonces las «arras» o las «primicias» de nuestra herencia (cf. Rm 8:23; 2Co 1:21): la Vida misma de la Santísima Trinidad que es amar «como él nos ha amado» (cf. 1Jn 4:11-12). Este amor (la caridad de 1 Co 13) es el principio de la vida nueva en Cristo, hecha posible porque hemos «recibido una fuerza, la del Espíritu Santo» ( Hch 1:8).
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