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Juan es «más que un profeta» ( Lc 7:26). En él, el Espíritu Santo consuma el «hablar por los profetas». Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (cf. Mt 11:13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la «voz» del Consolador que llega ( Jn 1:23; cf. Isa 40:1-3). Como lo hará el Espíritu de Verdad, «vino como testigo para dar testimonio de la luz» ( Jn 1:7; cf. Jn 15:26; Jn 5:33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las «indagaciones de los profetas» y la ansiedad de los ángeles (1
P 1, 10-12): «Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo ... Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios ... He ahí el Cordero de Dios» ( Jn 1:33-36).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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