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Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas mediante el tacto (cf. Lc 24:39; Jn 20:27) y el compartir la comida (cf. Lc 24:30. 41-43; Jn 21:9. 13-15). Les invita así a reconocer que él no es un espíritu (cf. Lc 24:39) pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado ya que sigue llevando las huellas de su pasión (cf Lc 24:40; Jn 20:20. 27). Este cuerpo auténtico y real posee sin embargo al mismo tiempo las propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no está situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere (cf. Mt 28:9. 16-17; Lc 24:15. 36; Jn 20:14. 19. 26; Jn 21:4) porque su humanidad ya no puede ser retenida en la tierra y no pertenece ya más que al dominio divino del Padre (cf. Jn 20:17). Por esta razón también Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer como quiere: bajo la apariencia de un jardinero (cf. Jn 20:14-15) o «bajo otra figura» ( Mc 16:12) distinta de la que les era familiar a los discípulos, y eso para suscitar su fe (cf. Jn 20:14. 16; Jn 21:4. 7).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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