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Jesús ha recordado al final de la parábola de la oveja perdida que este amor es sin excepción: «De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños» ( Mt 18:14). Afirma «dar su vida en rescate por muchos» ( Mt 20:28); este último término no es restrictivo: opone el conjunto de la humanidad a la única persona del Redentor que se entrega para salvarla (cf. Rm 5:18-19). La Iglesia, siguiendo a los Apóstoles (cf. 2Co 5:15; 1Jn 2:2), enseña que Cristo ha muerto por todos los hombres sin excepción: «no hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo» (Cc Quiercy en el año 853: DS 624).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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