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Jesús subió al Templo como al lugar privilegiado para el encuentro con Dios. El Templo era para él la casa de su Padre, una casa de oración, y se indigna porque el atrio exterior se haya convertido en un mercado ( Mt 21:13). Si expulsa a los mercaderes del Templo es por celo hacia las cosas de su Padre: «no hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: 'El celo por tu Casa me devorará' » ( Sal 69:10) ( Jn 2:16-17). Después de su Resurrección, los Apóstoles mantuvieron un respeto religioso hacia el Templo (cf. Hch 2:46; Hch 3:1; Hch 5:20. 21; etc.).
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