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La Huida a Egipto y la matanza de los inocentes (cf. Mt 2:13-18) manifiestan la oposición de las tinieblas a la luz: «Vino a su Casa, y los suyos no lo recibieron»( Jn 1:11). Toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la persecución. Los suyos la comparten con él (cf. Jn 15:20). Su vuelta de Egipto (cf. Mt 2:15) recuerda el Exodo (cf. Ose 11:1) y presenta a Jesús como el liberador definitivo.
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