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La Presentación de Jesús en el templo (cf. Lc 2,22-39 ) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13:2 y Ex 13:12-13). Con Simeón y Ana toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, «luz de las naciones» y «gloria de Israel», pero también «signo de contradicción». La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado «ante todos los pueblos».
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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