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Toda su vida, Jesús se muestra como nuestro modelo (cf. Rm 15:5; Flp 2:5): él es el «hombre perfecto» (GS 38) que nos invita a ser sus discípulos y a seguirle: con su anonadamiento, nos ha dado un ejemplo que imitar (cf. Jn 13:15); con su oración atrae a la oración (cf. Lc 11:1); con su pobreza, llama a aceptar libremente la privación y las persecuciones (cf. Mt 5:11-12).
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