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Toda la vida de Cristo es Revelación del Padre: sus palabras y sus obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Jesús puede decir: «Quien me ve a mí, ve al Padre» ( Jn 14:9), y el Padre: «Este es mi Hijo amado; escuchadle» ( Lc 9:35). Nuestro Señor, al haberse hecho para cumplir la voluntad del Padre (cf. Hab 10:5-7), nos «manifestó el amor que nos tiene» (1Jn 4:9) con los menores rasgos de sus misterios.
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