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Jesús, el nuevo Adán, inaugura por su concepción virginal el nuevo nacimiento de los hijos de adopción en el Espíritu Santo por la fe «¿Cómo será eso?» ( Lc 1:34; cf. Jn 3:9). La participación en la vida divina no nace «de la sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino de Dios» ( Jn 1:13). La acogida de esta vida es virginal porque toda ella es dada al hombre por el Espíritu. El sentido esponsal de la vocación humana con relación a Dios (cf. 2Co 11:2) se lleva a cabo perfectamente en la maternidad virginal de María.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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