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Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios «la Toda Santa» («Panagia»), la celebran como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una nueva criatura» (LG 56). Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.
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