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A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María «llena de gracia» por Dios ( Lc 1:28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854
por el Papa Pío IX: ... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano (DS 2803).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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