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Este alma humana que el Hijo de Dios asumió está dotada de un verdadero conocimiento humano. Como tal, éste no podía ser de por sí ilimitado: se desenvolvía en las condiciones históricas de su existencia en el espacio y en el tiempo. Por eso el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso progresar «en sabiduría, en estatura y en gracia» ( Lc 2:52) e igualmente adquirir aquello que en la condición humana se adquiere de manera experimental (cf. Mc 6:38; Mc 8:27; Jn 11:34; etc.). Eso ... correspondía a la realidad de su anonadamiento voluntario en «la condición de esclavo» ( Flp 2:7).
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