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Cristo viene de la traducción griega del término hebreo «Mesías» que quiere decir «ungido». No pasa a ser nombre propio de Jesús sino porque él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de él. Este era el caso de los reyes (cf. 1Sa 9:16; 1Sa 10:1; 1Sa 16:1. 12-13; 1
R 1, 39), de los sacerdotes (cf. Ex 29:7; Lev 8:12) y, excepcionalmente, de los profetas (cf. 1 R 19, 16). Este debía ser por excelencia el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino (cf. Sal 2:2; Hch 4:26-27). El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor (cf. Isa 11:2) a la vez como rey y sacerdote (cf. Za 4, 14; 6, 13) pero también como profeta (cf. Isa 61:1; Lc 4:16-21). Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey.CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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