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El que está llamado a «enseñar a Cristo» debe por tanto, ante todo, buscar esta «ganancia sublime que es el conocimiento de Cristo»; es necesario «aceptar perder todas las cosas ... para ganar a Cristo, y ser hallado en él» y «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» ( Flp 3:8-11).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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