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«Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva» ( Gal 4:4-5). He aquí «la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios» ( Mc 1:1): Dios ha visitado a su pueblo (cf. Lc 1:68), ha cumplido las promesas hechas a Abraham y a su descendencia (cf. Lc 1:55); lo ha hecho más allá de toda expectativa: El ha enviado a su «Hijo amado» ( Mc 1:11).
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