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La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama «homicida desde el principio» (Jn 8:44) y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (cf. Mt 4:1-11). «El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo» (1Jn 3:8). La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios.
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