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Toda criatura posee su bondad y su perfección propias. Para cada una de las obras de los «seis días» se dice: «Y vio Dios que era bueno». «Por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden» (GS 36, 2). Las distintas criaturas, queridas en su ser propio, reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad Infinitas de Dios. Por esto, el hombre debe respetar la bondad propia de cada criatura para evitar un uso desordenado de las cosas, que desprecie al Creador y acarrce consecuencias nefastas para los hombres y para su ambiente.
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