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El mundo: A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo.
S. Pablo afirma refiriéndose a los paganos: «Lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad» (Rm 1:19-20; cf. Hch 14:15.17; Hch 17:27-28; Sab 13:1-9). Y S. Agustín: «Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo...interroga a todas estas realidades. Todas te responde: Ve, nosotras somos bellas». Su belleza es una profesión («confessio»). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza («Pulcher»), no sujeto a cambio?» (serm. 241,2).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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