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Es una verdad fundamental que la Escritura y la Tradición no cesan de enseñar y de celebrar: «El mundo ha sido creado para la gloria de Dios» (Cc. Vaticano I: DS 3025). Dios ha creado todas las cosas, explica S. Buenaventura, «non propter gloriam augendam, sed propter gloriam manifestandam et propter gloriam suam communicandam» («no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla») (sent. 2,1,2,2,1). Porque Dios no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad: «Aperta manu clave amoris creaturae prodierunt» («Abierta su mano con la llave del amor surgieron las criaturas») (S. Tomás de A. sent. 2, prol.) Y el Concilio Vaticano primero explica:
En su bondad y por su fuerza todopoderosa, no para aumentar su bienaventuranza, ni para adquirir su perfección, sino para manifestarla por los bienes que otorga a sus criaturas, el solo verdadero Dios, en su libérrimo designio , en el comienzo del tiempo, creó de la nada a la vez una y otra criatura, la espiritual y la corporal (DS 3002).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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