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La verdad en la creación es tan importante para toda la vida humana que Dios, en su ternura, quiso revelar a su pueblo todo lo que es saludable conocer a este respecto. Más allá del conocimiento natural que todo hombre puede tener del Creador (cf. Hch 17:24-29; Rm 1:19-20), Dios reveló progresivamente a Israel el misterio de la creación. El que eligió a los patriarcas, el que hizo salir a Israel de Egipto y que, al escoger a Israel, lo creó y formó (cf. Isa 43:1), se revela como aquel a quien pertenecen todos los pueblos de la tierra y la tierra entera, como el único Dios que «hizo el cielo y la tierra» (Sal 115:15; Sal 124:8; Sal 134:3).
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