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La santidad de Dios es el hogar inaccesible de su misterio eterno. Lo que se manifiesta de él en la creación y en la historia, la Escritura lo llama Gloria, la irradiación de su Majestad (cf Salmo VIII; Isa 6:3). Al crear al hombre «a su imagen y semejanza» ( Gn 1:26), Dios «lo corona de gloria» ( Sal 8:6), pero al pecar, el hombre queda «privado de la Gloria de Dios» ( Rm 3:23). A partir de entonces, Dios manifestará su Santidad revelando y dando su Nombre, para restituir al hombre «a la imagen de su Creador» ( Col 3:10).
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