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Cuando decimos Padre «nuestro», reconocemos ante todo que todas sus promesas de amor anunciadas por los Profetas se han cumplido en la nueva y eterna Alianza en Cristo: hemos llegado a ser «su Pueblo» y El es desde ahora en adelante «nuestro Dios». Esta relación nueva es una pertenencia mutua dada gratuitamente: por amor y fidelidad (cf Ose 2:21-22; Ose 6:1-6) tenemos que responder «a la gracia y a la verdad que nos han sido dadas en Jesucristo »( Jn 1:17).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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