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Muy pronto, la práctica litúrgica concluyó la oración del Señor con una doxología. En la Didaché (8, 2) se afirma: «Tuyo es el poder y la gloria por siempre». Las Constituciones apostólicas (7, 24, 1) añaden en el comienzo: «el reino»: y ésta la fórmula actual para la oración ecuménica. La tradición bizantina añade después un gloria al «Padre, Hijo y Espíritu Santo». El misal romano desarrolla la última petición (Embolismo: «líbranos del mal») en la perspectiva explícita de «aguardando la feliz esperanza» ( Tit 2:13) y «la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo»; después se hace la aclamación de la asamblea, volviendo a tomar la doxología de las Constituciones apostólicas.
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