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«No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones» ( Stg 4:2-3; cf. todo el contexto Stg 4:1-10; Stg 1:5-8; Stg 5:16). Si pedimos con un corazón dividido, «adúltero» ( Stg 4:4), Dios no puede escucharnos porque él quiere nuestro bien, nuestra vida. «¿Pensáis que la Escritura dice en vano: Tiene deseos ardientes el espíritu que El ha hecho habitar en nosotros» (Stg 4:5)? Nuestro Dios está «celoso» de nosotros, lo que es señal de la verdad de su amor. Entremos en el deseo de su Espíritu y seremos escuchados:
No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia en permanecer con él en oración (Evagrio, or. 34). El quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que él está dispuesto a darnos (San Agustín, ep. 130, 8, 17). La oración es eficazCCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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