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Los testigos que nos han precedido en el Reino (cf Hab 12:1), especialmente los que la Iglesia reconoce como «santos», participan en la tradición viva de la oración, por el modelo de su vida, por la transmisión de sus escritos y por su oración actual. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. Al entrar «en la alegría» de su Señor, han sido «constituidos sobre lo mucho» (cf Mt 25:21). Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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