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Del mismo modo que Jesús ora al Padre y le da gracias antes de recibir sus dones, nos enseña esta audacia filial: «todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido» ( Mc 11:24). Tal es la fuerza de la oración, «todo es posible para quien cree» ( Mc 9:23), con una fe «que no duda» ( Mt 21:22). Tanto como Jesús se entristece por la «falta de fe» de los de Nazaret ( Mc 6:6) y la «poca fe» de sus discípulos ( Mt 8:26), así se admira ante la «gran fe» del centurión romano (cf Mt 8:10) y de la cananea (cf Mt 15:28).
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