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Jesús se aparta con frecuencia a la soledad en la montaña, con preferencia por la noche, para orar (cf Mc 1:35; Mc 6:46; Lc 5:16). Lleva a los hombres en su oración, ya que también asume la humanidad en la Encarnación, y los ofrece al Padre, ofreciéndose a sí mismo. El, el Verbo que ha «asumido la carne», comparte en su oración humana todo lo que viven «sus hermanos» ( Hab 2:12); comparte sus debilidades para librarlos de ellas (cf Hab 2:15; Hab 4:15). Para eso le ha enviado el Padre. Sus palabras y sus obras aparecen entonces como la manifestación visible de su oración «en lo secreto».
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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