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La oración del pueblo de Dios se desarrolla a la sombra de la Morada de Dios, el Arca de la Alianza y más tarde el Templo. Los guías del pueblo - pastores y profetas - son los primeros que le enseñan a orar. El niño Samuel aprendió de su madre Ana cómo «estar ante el Señor» (cf 1Sa 1:9-18) y del sacerdote Elí cómo escuchar Su Palabra: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (cf 1Sa 3:9-10). Más tarde, también él conocerá el precio y el peso de la intercesión: «Por mi parte, lejos de mí pecar contra el Señor dejando de suplicar por vosotros y de enseñaros el camino bueno y recto» ( 1Sa 12:23).
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