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«Tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva» ( Jn 4:10). Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a la queja del Dios vivo: «A mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas» ( Jer 2:13), respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación (cf Jn 7:37-39; Isa 12:3; Isa 51:1), respuesta de amor a la sed del Hijo único (cf Jn 19:28; Za 12, 10; 13, 1).
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