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La envidia es un pecado capital. Designa la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea indebidamente. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal:
San Agustín veía en la envidia el «pecado diabólico por excelencia» (ctech. 4,8). «De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad» (s. Gregorio Magno, mor. 31,45).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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