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El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los Apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre (cf. Jn 14:26; Jn 15:26; Jn 16:14). El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús (cf. Jn 7:39), revela en plenitud el misterio de la Santa Trinidad.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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